viernes, 14 de mayo de 2010

Los frutos de Zapatero


Los hooligans de la zarrapastra están que bufan.
Bufan porque por unanimidad, repito, por unanimidad, el CGPJ ha decidido suspender (de una puñetera vez) al prevaricador (presunto para ley, cierto para mí) juez Garzón.
Como la mafia costrosa que son, los progres españoles se han echado a la calle porque se aplica la ley a “uno de los nuestros”… y hasta ahí podíamos llegar.
Las reacciones de ese cuarto y mitad (que no media) España me tiene boquiabierto.
Temo a esta masa de indeseables que consideran que la transición no existió, que quieren ganar la guerra después de perdida, que quieren destrozar a la media España que, generosamente, cuando tenía la sartén por el mango, les permitió acceder a la vida política en vez de exterminarlos que es – a ciencia cierta – lo que hubiese hecho un buen marxista.
El último genocida vivo, responsable de la muerte documentada de un par de miles de niños, doctor honoris causa por una universidad que no merece ese nombre, pide con la chusma que jalea al prevaricador, que borren treinta años de historia de España como Stalin hacía borrar de las fotos a sus enemigos.
Los trajes culpables de Camps frente a los millones inocentes de Bono…
Acabaremos echándonos las manos al cuello.