sábado, 7 de abril de 2018

Justicia y ley

Hace muchos años leí sobre las correrías de Roy Bean (Phantly Roy Bean) también conocido como "el juez de la horca".
Este personaje - virginiano de origen - emigró al oeste con sus hermanos y vivió una vida digna de un personaje de ficción.
Tras un sinfín de vicisitudes (algunas no exentas de sangre) se estableció en la ciudad de Langtry y debido a su devoción por una famosa cupletista que se llamaba (curiosamente) Lily Langtry, levantó un garito denominado Jersey Lily donde servia cerveza e impartía justicia, pues el local se habilitaba de juzgado cuando la ocasión lo requería… dado que por alguna razón, Roy Bean había sido nombrado Juez de Paz del condado de Pecos.
El Jersey Lily tenia en la entrada dos letreros, uno decía "cerveza helada" y en el otro ponía "La ley al oeste del Pecos"… Llegados a este punto es preciso reseñar que la mascota del juez era un oso bastante manso que - por lo que dicen - compartía con su dueño el gusto por la cerveza.
Como al oeste del Pecos el orden brillaba por su ausencia, Phantly tenía bastante trabajo… y nadie podía decir que el juez Bean no se tomase en serio la justicia o la cerveza.
Dicen que no sabía demasiado de Derecho y que - por ejemplo - sostenía que el habeas corpus era un paganismo… también afirman que terminaba las bodas con la frase "¡Y que Dios se apiade de vuestras almas!"…
Cuentan que en cierta ocasión le pusieron delante a un cuatrero que había sido pillado "in fraganti" e, interpelado acerca de lo que había que hacer, Roy Bean sentenció: "Muy fácil, le hacemos un juicio justo y luego lo ahorcamos."
Y creo que estas palabras encierran una gran sabiduría, porque si el cuatrero había robado un caballo, lo suyo era ahorcarlo… podríamos perdernos en discusiones acerca si había forzado o no la entrada del establo, si había amenazado al dueño del animal con un arma o no, si al cuatrero le hacía falta el caballo para desplazarse a Mejico… pero el hecho, el implacable hecho, es que el reo había robado un caballo.
Y quizá por habernos dado unas leyes muy "garantistas", con una frecuencia llamativa encontramos que nuestros jueces, por interpretar la ley, olvidan que el cuatrero robó un caballo.
Así, sorprendentemente, la ley se convierte en el principal escollo a salvar para que se administre justicia.
Yo no sé si en lo que hizo Puigdemónt se dió un componente de violencia "suficiente" como para que se le pueda juzgar por rebelión. Ignoro - pues como mi admirado Phantly yo tampoco entiendo mucho de Derecho - si existe algún delito cuya tipificación encaje con mas precisión en los acontecimientos de Octubre, pero lo que no se puede negar, es que Puigdemónt robó el caballo.
Es evidente que Carlos Puigdemónt y sus amiguitos quisieron - así consta (y además yo lo vi) - segregar una parte de España para constituirla en una "república independiente".
Quisieron crear un estado al margen del Estado español.
Quisieron establecer una república en el seno de una monarquía parlamentaria.
Para ello se saltaron la Constitución, el Código Penal, La ley de la Propiedad Horizontal, el Reglamento agropecuario de Castilla y la Mancha, el Código de la circulación y los estatutos de la Asociación de maquetistas de trenes de Villanubla… eso es un hecho.
Lo hicieron - además - unilateralmente y a sabiendas de que estaban cometiendo un delito.
De modo que podemos pasarnos lo que quede de año discutiendo sobre el cambio climático o la existencia del Limbo, pero lo cierto es que Puigdemónt robo el caballo.
Y dado que robó el caballo, habría que hacerle un juicio justo y después ahorcarlo… o lo que sea que se haga con los que hacen las cosas que hizo Puigdemont.
Cualquier otra cosa tendrá otro nombre, pero no se le podrá llamar justicia.

lunes, 26 de marzo de 2018

Dudosa reputación


Hace muchos años llegó a mis oídos una anécdota (no se si cierta) de un cadete de una Academia Militar que se presentó en un baile de gala con una prostituta del brazo... Uno de los profesores lo llamó aparte y le preguntó como se atrevía a presentarse en el baile con una señora de dudosa reputación. El interpelado contestó: "De dudosa reputación será su señora... la mía se vé claramente que es una furcia".
Ayer, en la Delegación del Gobierno de Barcelona, los mossos tuvieron que emplearse a fondo.
A unas cuantas manzanas del citado edificio vive una de mis hermanas, y me estuvo contando lo que vió y lo que se desplazaba para allí...
Los mossos tuvieron que sacar las escopetas y liarse a tiros (al aire, si no otro gallo hubiese cantado) para contener a la masa que los estaba acorralando.
Desde su ventana, mi hermana escuchó los disparos (que no fueron uno ni dos)... pensó que se trataba de las clásicas pelotas de goma, pero posteriormente - a través del "guasap" - nos llegaron las imágenes del tiroteo.
Resulta que cuando quieren (o cuando les dejan), los mossos saben controlar a las masas... saben hacer su trabajo.
Hubo un par de decenas de heridos, algunos de ellos mossos, y algunas detenciones entre las cuales (sorpresa) había también algún mosso que estaba en el otro lado apedreando a sus compañeros.
No he visto hoy a la maquinaria difamadora de los indepes arremeter contra los mossos... se puede deber a que en Gerona y Tarragona hicieron la vista gorda y permitieron a los vándalos campar a sus anchas, cortar carreteras, ensuciar la fachada de la Subdelegación del Gobierno... lo de siempre con la complicidad de la policía butifarrera. Creo que - en general - los indepes siguen considerando que la stasi catalana está de su parte.
El Ministerio del Interior debe plantearse con seriedad la posibilidad de disolver este cuerpo de cada vez menos "dudosa reputación", que parece dispuesto a ponerse con entusiasmo del lado de los delincuentes y con abulia del lado de la ley.
Me contaba mi padre que a uno de sus profesores en la Academia General Militar se le conocía con el sobrenombre de "El chato de la paridera". Debía el apodo al hecho de que - en plena guerra civil - enterado que la unidad que mandaba, compuesta en su mayoría por falangistas de reciente ingreso (de esos que llenaban las oficinas de Falange conforme avanzaba el ejército de Franco), se iba a pasar al enemigo con víveres y bagajes, se hizo con unos cuantos leales a la causa, desarticuló la conspiración y fusiló - sobre la marcha - a los conspiradores. No le tembló el pulso y pasó por las armas a una buena parte de su propia unidad... suena duro, pero las guerras son así y, salvando a las manzanas sanas, se evitó un descalabro que - en el frente - hubiese tenido consecuencias desastrosas.
Yo no estoy diciendo que haya que pasar por las armas a un porcentaje de los mossos... pero creo que sería bueno pasarlos por Hacienda. Si se les manda al paro - ingresando a algunos en Soto del Real una temporadita (vuelta y vuelta, no muy hechos) - sería suficiente para que a los tibios les entrase el ardor por hacer cumplir las leyes.
Porque a la vista está que cuando quieren, se entregan a ello.
Y así, al menos, mantendrían la dudosa reputación, no se vería claramente lo que son, y todos dormiríamos mas tranquilos.
domingo, 25 de marzo de 2018

Cocomocho encarcelado

Ciertamente, este fin de semana no ha sido muy bueno para los golpistas catalanes.
Primero han mandado a la cárcel a aquellos que (inexplicablemente) salieron bajo fianza ante el asombro del respetable... razones tendría el señor juez cuando lo hizo, aunque yo a estas alturas, sigo sin entenderlo.
La que lucharía "hasta el final" ha puesto pies en polvorosa y al cobarde del pelucón lo han trincado los alemanes cuando regresaba a esa caricatura de país donde se había atrincherado.
Como no les llega la camisa al cuerpo, los sinvergüenzas adjuntos a los golpistas (esos que ahora hacen como que son respetuosos con la ley) se han dedicado a caldear el ambiente gritando eso de ¡basta ya!.
En estos momentos, en Barcelona la masa de borregos engañados por el "proceso" se manifiesta iracunda ante la delegación del Gobierno y ante el consulado alemán.
Ante todo hay que decir que esta caterva de chorizos que han usado los sentimientos de los catalanes (no de todos, sólo de los que carecen de entendederas) para ponerse morados de robar, no sólo sabían las consecuencias de sus actos sino que, me juego la paga de este més, estaban esperando que el desenlace se produjese en un plazo de tiempo no muy largo.
Contaban - eso si - con la cobardía de este Gobierno de España tan poco entregado a hacer cumplir las leyes... y esperaban que dado que los huesos de Montesquieu se están revolviendo en su tumba desde hace ya un par de décadas, el sesteante de la barba presionase al Judicial hasta que la balanza se extraviase.
Y no ha sido así.
Huyendo hacia adelante, los "pastores" calientan al rebaño... y cometen un error.
Por supuesto, no se harán responsables de la sangre que esto traiga.
La sangre no importa siempre que no sea la tuya la que se vierte... y los políticos secesionistas viven con el cálculo de que habrá unas cuantas viudas y unos cuantos huérfanos, pero que para cuando eso pase, estarán en Bélgica ellos y sus familias.
Ha sido así siempre.
Y digo que esto traerá sangre, porque cuando las tripas sustituyen al cerebro, al cerebelo y al bulbo raquídeo, lo que queda en la cabeza solo sirve para embestir.
Y embestirán...
Y si Dios quiere, habrá poca sangre, pero si como es de prever, se sigue azuzando a los carneros, el sol saldrá por Antequera... y nos veremos rezando el rosario de la aurora sin darnos apenas cuenta.
Para mi, la culpa es de Rajoy, de Aznar, de Zapatero, de Felipe González y de los imbéciles que promulgaron  el Estado de las Autonomías que es, como estamos viendo todos los días, el cáncer que devora a España... y por supuesto, de forma mas directa, de los Pujol, los Mas, los Puigdemont y de aquellos que teniendo que ingresar en prisión, no ingresan.
Se les ha dejado creer que pueden hacer lo que les dé la gana... y cuando se den de boca con la onerosa realidad de la sangre, no saldrán de su asombro.
Espero estar equivocándome, pero me dá que no.

martes, 13 de marzo de 2018

Cadena perpetua

Hace años abandoné mi feroz defensa de la pena de muerte en base a un único argumento: mi condición de cristiano. No puedo condenar el aborto y defender la pena de muerte aunque, en efecto, exista la sutil diferencia de que un aborto mata a un inocente y una ejecución a un culpable.
Creo que - además - encerrar un considerable numero de años a un hombre que ha cometido una atrocidad le da la ocasión de arrepentirse de sus actos y alcanzar el perdón de Dios... una oportunidad que no debemos negarle a un semejante.
Dicho esto, mantengo muchas discrepancias con el sistema penitenciario español.
La primera - puramente conceptual - es que creo que la finalidad de la cárcel no es la reinserción sino el castigo. Si mientras cumple el castigo el preso recapacita y se convierte en un ciudadano modélico, estupendo, pero si no es así - al menos - ha sufrido las consecuencias de sus actos, y si reincide, ya sabe lo que le espera.
Coincidirán conmigo en que temor al castigo es frecuentemente un poderoso acicate para el buen comportamiento...
El problema que sustenta todo este tinglado jurídico-penal es que hay gente (está en la naturaleza humana) que no está cualificada para vivir en el seno de una sociedad.
Y eso es así se mire como se mire.
Parece bastante sensato pensar que cuando una persona es incapaz de vivir es sociedad, la única opción posible es aislarlo de ella... y no nos equivoquemos, se le aísla de la sociedad no para reeducarlo, sino para evitar que siga haciendo daño a esa sociedad.
Para eso se escribió el Código Penal y hay jueces, fiscales y abogados.
Otra discrepancia que tengo con el sistema penal es la inutilidad de nuestras cárceles, que no dejan de ser universidades de delincuencia donde el preso no hace otra cosa que perder el tiempo y gastar los recursos de la sociedad que lo ha encerrado.
Por ello creo que el preso debería ganarse el sustento trabajando.
El preso debería prestar un servicio a la sociedad para compensar el daño realizado.
Si ponemos a los presos - por ejemplo - a limpiar nuestros bosques, se pueden redimir ante sus vecinos realizando una tarea que evita la propagación del fuego en caso de incendio... y quien dice bosques dice mantenimiento de carreteras y caminos, o infraestructuras públicas. Una forma de ganarse ese sustento que ahora les proporcionamos por pasarse el día en una celda mirando al techo.
Y en cuanto a los delincuentes, es preciso diferenciar los "reinsertables" de los no "reinsertables".
No todos los presos son "reinsertables", y para este tipo de presos hay que tomar medidas excepcionales... porque "justicia" no es darle a todos lo mismo, es darle a cada uno lo que merece.
Mientras esta izquierda intelectualmente anémica que padecemos, defienda la derogación de lo que es un tímido intento de hacer algo serio con nuestro sistema penal con argumentos tales como que "no hay que legislar en caliente" o que "la medida no evita el delito"... vamos apañados.
Estos señores de la izquierda buenista, progre y por ende estúpida, no entienden que no podemos crear una sociedad jurídicamente tan perfecta que no sea necesario ser bueno para vivir en ella... porque la sociedad se compone de hombres y el mal (y el bien) forman parte de la esencia de todos y cada uno de sus componentes.
Pablito y su pandilla de enemigos públicos, siempre dispuestos a defender al asesino y machacar a la víctima, están - con la ayuda de ese podemita disfrazado que gobierna el PSOE - lanzando ahora una campaña para humanizar el sistema penitenciario ignorando, como siempre, la realidad que les rodea.
No entiendo esa enfermedad mental que les lleva a apiadarse sistemáticamente del delincuente y no de sus víctimas, a justificar el terrorismo en vez de ponerse del lado de los inocentes, a enfrentarse a cualquier medida que intente proteger al ciudadano de sus depredadores...
Con el objetivo cada vez mas claro de destruir nuestra sociedad, Podemos y su legión de inanes mentales defenderán siempre un sistema penal laxo... hasta que lleguen al poder.
Entonces reeditarán los jémeres... y no habrá "reinserción" sino "reeducación".
Y será a sangre y fuego.

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"Las opiniones son como las nalgas, todos tenemos un par de ellas" Groucho Marx.
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