miércoles, 30 de agosto de 2017

Deja vu

Ya lo he visto antes.
Fue tras los atentados del 11M, una de las últimas manifestaciones a las que he ido.
El brutal atentado que le costó las elecciones a Mariano Rajoy para que subiese al poder el inútil mas grande que jamas hemos tenido de presidente del gobierno, empezó con una manifestación en la que se culpaba a Aznar de la sangre derramada por los imaginarios islamistas de los trenes.
Bajé a manifestarme contra el terrorismo, a solidarizarme (como dicen los cursis) con las víctimas del despropósito, a expresar mi dolor... y me encontré otra cosa.
El sábado, en Barcelona, he visto otra vez lo mismo: como la izquierda culpaba al Rey y al Gobierno de España de los crímenes realizados por un puñado de musulmanes.
En aquellos días el mensaje caló en la masa... los trenes habían volado por la foto de las Azores.
Luego la operación Rubalcaba, amo y señor de las cloacas, hizo el resto.
Una manifestación contra el terrorismo, con un lema necio, como corresponde a un pueblo que espera ochocientos muertos para pintarse las manitas de blanco, se tornó - otra vez - en una astracanada.
La izquierda, como siempre, dándose un baño de miseria (que es lo único que sabe hacer) se arrancó con eso de "vuestras armas, nuestros muertos".
No se puede ser mas imbécil, odiar mas, o tener peor leche.
Pero esto es lo que hay.
España se descoyunta en manos de estos biznietos de puta sin que el común haga lo mas leve por mantener este tinglado que antes llamábamos Patria.
Nos está haciendo falta una yihad... ochocientos o mil ochocientos muertos más para ver si pasamos de las manitas blancas a tomarnos en serio España.
Y a estos de las pancartitas, destierro o cárcel, no cabe otra... bueno, si cabe, pero no creo que suceda.
miércoles, 28 de junio de 2017

De orgullos y cavernas

Hoy un colaborador de “El Mundo” se ha descargado con un artículo (por llamarlo algo) poniendo a escurrir a “la caverna”, que – según el escribidor – son todos aquellos que por una u otra razón no aprueban abiertamente el lamentable espectáculo de los faustos de “Pride”.
Según el pulsateclas, en España es necesario mantener un día (o un mes) del orgullo gay como reivindicación política porque hay países donde se persigue a los homosexuales y porque – según estadísticas sacadas de alguna manga morada – en las calles de las ciudades españolas se agrede a un homosexual cada dos horas y media.(?)
Cabría recordar al escribiente que algunos de esos países donde se persigue a los homosexuales y que tanto justifican la necesidad de realizar ciertas astracanadas, son los mismos que apoyan económicamente a sus socios en esto de las celebraciones.
Sin ánimo de ser exhaustivo podría citar (a bote pronto) Cuba e Irán, muchos países musulmanes, la Gran Madre Rusia donde si bien no los persiguen abiertamente, tampoco les dejan manifestarse y algunas dictaduras americanas donde los matan de hambre (a ellos y a los que no son como ellos).
Omite también el juntapalabras, cualquier alusión al hecho de que en estos zafios y ruidosos espectáculos la ofensa a los cristianos (colectivo si cabe mas numeroso que el LGTB) es aplaudida con entusiasmo sin que el colectivo ofendido tenga derecho a la menor réplica.
El calamar que firma la entrada mete en el mismo saco a tirios y troyanos haciendo un ejercicio de intolerancia muy por encima del que adjudica a los que no siguen a pié juntillas el dictado del lobby para el que trabaja.
Cavernícola soy, que le vamos a hacer.
No estoy en contra de que los homosexuales reivindiquen lo que les parezca mas adecuado para sus intereses… lo que me molesta de verdad es que lo reivindiquen ciscándose en mis creencias y faltando al respeto a unos cuantos millones de españoles que – por la razón que sea – no tenemos porqué aprobar que para reivindicar cosas haya que enseñar las nalgas… que no es solo una falta de respeto, es un atentado al buen gusto.
Y – seamos sinceros – una semana dando la matraca y colapsando el centro de Madrid es a todas luces un exceso.
Y no lo digo mas alto porque eco de mi caverna me dejaría sordo.
lunes, 3 de abril de 2017

Los discursos del voto

De unos años a esta parte el españolito de a pié está abocado a suscribirse al “discurso del miedo” o al “discurso del odio”.

En el voto, el peso de estos discursos es demoledor.

La izquierda se adhiere con entusiasmo al discurso del odio. Es éste un discurso zafio, cuajado de medias verdades, mentiras manifiestas, populismo barato y estupideces gigantescas… pero eficaz con las tripas que – seamos sinceros - es el órgano que usa el español cuando decide su voto.

La derecha política explota esta adhesión irracional de la izquierda al soniquete revolucionario para acorralar a su votante tradicional con la amenaza del Diluvio Universal… y le funciona de maravilla.

Por un lado el “voto de la entraña”, por el otro, el denominado “voto útil” que, a la postre, sólo resulta de utilidad a los sinvergüenzas que lo propugnan.

Admito haber sucumbido en unas cuantas ocasiones al voto útil.

Con la “pinza en la nariz”, por “el bien común”, para “evitar el desastre”, he dado mi voto a un grupo político miserable que no me representa ni merece mi respeto.

Pero el hastío me supera.

En las próximas pantomimas, o bien no me acercaré a la pecera, o iré a votar por algún partido minoritario que no me ofrezca dos tazas de este caldo.

A esta decisión ha contribuido también ver la deriva que va tomando ese partido que dice ser de derechas pero hace la política de Zapatero (el peor presidente del gobierno en España desde que nos escaqueamos de ser una república socialista soviética)... un partido que puede cambiar diputados con Ciudadanos e incluso con el PSOE sin que le crujan las cuadernas.

De hecho, hace tiempo que vengo manteniendo que para hacer de Felipe González nos sobran gallegos.

¿O no?

sábado, 1 de abril de 2017

El Poder Judicial contra la democracia

Una Democracia se puede echar a perder por muchas razones, pero – en mi opinión – el colectivo con mas medios para arruinarla es el judicial.
Cuando el ciudadano percibe la falta de Justicia en sus Instituciones, el trato de favor a los poderosos o la interpretación caprichosa (a veces rocambolesca) de la ley, lo relaciona directa e inequívocamente con la degeneración del Estado de Derecho… y es así, en esto no se equivoca.
Es cierto que en tiempos de bonanza, cuando las necesidades básicas del ciudadano están mas o menos cubiertas, el “pueblo” (ese ente perezoso y dúctil que construimos día a día entre todos) tiende a ser benevolente con la corrupción (ande yo caliente...)
Porque asume que si el problema se resuelve con dinero, no es un problema, es un gasto… y si tengo dinero para acometerlo, el problema no existe.
Cosa distinta es cuando pintan bastos.
A quienes llegan a final de mes con las habas justas o en déficit de habas, se les antoja una ofensa que la justicia no se emplee a fondo con los que viven de sustraerle las habas a los demás.
Sucede también que en asociaciones jurídicas de tan buen nombre como “Jueces para la Democracia”, lo que se esconde es algo que – obviamente – debería ser punible en el colectivo , un sesgo político… la interpretación de las leyes en función de los intereses políticos del momento.
No existe el colectivo “Jueces para la Justicia” porque erróneamente se presupone que por el mero hecho de ponerse una toga y tener los conocimientos técnicos pertinentes, un juez impartirá justicia.
No hay juramento hipocrático… la ética se les supone.
Es cierto que se arbitran procedimientos para evitar las sentencias onerosamente injustas, pero (y estamos hartos de verlo) como el perro no come perro, tan sólo se aplica la exclusión o se sanciona a aquellos que: o bien no hay otro remedio porque la prevaricación ha sido monstruosa, o porque se genera “alarma social”, concepto que escapa del todo a mis conocimientos del Derecho y cuya relación con la administración de justicia no acabo de ver claro.
Así hay jueces que entran en política y luego regresan a la judicatura como si tal cosa, dándole – de paso – una patada a Montesquieu en salva sea la parte.
Hay jueces que emplean sistemáticamente los recursos que hagan falta para buscar corrupción en un partido político de determinada ideología, mientras hacen la vista gorda con los escandalosos casos de aquellos partidos con los que simpatizan… haciendo – además - que las acciones judiciales salten a la prensa cuando mas daño pueden hacer a los partidos a hundir (vísperas de elecciones, campañas de desprestigio…)
A Rita Maestre, por ejemplo, la absolvió un juez que ha manifestado en múltiples ocasiones su simpatía por el “movimiento transversal” bolivariano en el que milita la citada exhibicionista… las malas lenguas dicen que incluso pertenece al citado movimiento.
No sé si en España llegaremos a ver al poder judicial trabajando al servicio exclusivo del poder político como sucede en democracias fallidas como la venezolana (a Maduro me remito), pero les aseguro que el tema me produce muchísima inquietud.

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