martes, 18 de enero de 2011

Acoso y derribo


Escucho con la boca abierta a los tertulianos de las distintas televisiones (si, en el pecado llevo la penitencia) hablar de la agresión al consejero murciano.
Un porcentaje elevado de ellos, de inequívoco signo y nada sospechosos de imparcialidad, ecuanimidad y honestidad de juicio, insisten en derivar la discusión hacia si el presidente de la taifa murciana ha hecho bien o mal en “usar” la agresión a uno de sus consejeros “como arma arrojadiza” contra el gobierno.
Aquí, que se materialice una campaña de acoso que termina con un señor hospitalizado ante la indiferencia de los responsables de evitarlo, cobra tintes de fruslería frente a las declaraciones de un representante de los agredidos que señala (errando o no) a sus agresores y los instigadores de sus agresores.
En el fondo, lo que hay tras esto es una estrategia de aislamiento, acoso y derribo a la derecha en España.
Unos apoyan esta campaña con voluntad firme y juicio claro y otros lo hacen de forma bobalicona y pesebrera, pero en el fondo ésto – y no otra cosa – es lo que hay.
Para el progre de turno, pesebrista del PSOE, paniaguado de los sindicatos, zombi del comunismo trasnochado de Izquierda Hundida o australopitecus del antifascismo-ecolojeta, que son diversos “flavors” de una misma izquierda, el individuo que se manifiesta “de derechas” es un ente que no tiene derecho al título de ciudadano.
Además, en la socialdemocracia, esa especie política que cambió la revolución por las cuentas corrientes en paraísos fiscales sin renunciar a sus inexistentes principios, la derecha es un bloque que abarca desde el señor que va a misa hasta el sobrino de Mussolini.
Básicamente, un “facha” es cualquiera que no pasa por el aro del pensamiento que dictan. Y así se dedican a repartir, a su antojo, los carnets de demócrata, que viene a ser algo así como admitir o no a un señor en el círculo de los hombres con derechos.
De este modo, cuando en una Universidad como la Complutense unos individuos cuyo comportamiento los pone a la altura del excremento de una vaca, impiden que un ciudadano dé una conferencia, antes de tomar una decisión acerca de que hacer con ellos, nuestros mandamases (puestos ahí para servirnos, no para esclavizarnos) sopesan quien es el ciudadano a quien se ha impedido hablar y, si no es del rebaño, si es un “facha” (incluyendo a Rosa Diez, por ejemplo, en este saco) miran a otro lado.
La tolerancia que el gobierno ha estado teniendo con estas alimañas y lo poco que ha perseguido a los anti-sistema, que para el que no lo sepa es un señor que se divierte apaleando ciudadanos, rompiendo escaparates y quemando contenedores de basura, ha propiciado – ya lo creo que si – la agresión al consejero de Murcia.
La “gauche divine”, a la que se apuntan sin reparo todo tipo de indocumentados intelectuales, se esfuerza en hacer ahora comparaciones entre las manifestaciones en las que se pitaba o insultaba a Zapatero, o se zarandeaba (es un decir) a Bono, con hechos como esperar a un concejal a la puerta de su casa para romperle la mandíbula a puñetazos… la misma cosa a juicio de estos hijos de mayo.
Y yo, que no he conocido un gobierno mas restrictivo, metomentodo, prohibicionista y sectario que el de José Luis Rodríguez Zapatero, que desde que llegó al poder no hace mas que dictar normas que nos encorsetan, gastarse nuestro dinero sin el menor respeto al contribuyente, y fastidiar a los que van a misa, me estoy cansando ya de tener que soportar que, además, me tomen por idiota y me vendan el “progreso” envuelto en una camisa de fuerza.
Como ciudadanos que somos, los que no comulgamos con ruedas de molino necesitamos un espacio que la izquierda española se niega a darnos. Simple y llanamente porque su auto-inferida autoridad moral le permite – parece ser – arrebatarnos la calidad de españoles de derecho.
Y sucede que el jabalí acorralado embiste...
¿Llegaremos a eso?