viernes, 28 de septiembre de 2012

Parole...

La diferencia entre los españoles de diverso signo se encuentra – frecuentemente – en el subconsciente.
Así, cuando yo, por ejemplo, pienso en la palabra “republica”, me viene a la cabeza Francia, mientras que a Gasparín y sus secuaces les viene a la cabeza la extinta URSS.
Lo mismo sucede con muchas otras cosas. Democracia, para los atapuercos, significa que manden ellos, puesto que si no mandan ellos, ni esto es democracia ni hay “legitimidad” política.
El término “autodeterminación” significa, para mí, “allá te las compongas”, pero para Arturito el del tupé significa “vacaciones pagadas”. La izquierda española (que es la que conozco) pervierte el lenguaje para anestesiar al rebaño.
Con frecuencia se les oye decir que tal o cual palabra es “muy fuerte” para definir determinada situación... cuando lo que habría que dirimir es si la situación se puede definir con el vocablo o no.
Traición, probablemente, sea “muy fuerte” para definir lo que está haciendo Arturito, pero indudablemente, si hay en el diccionario una palabra que defina con nitidez la actitud del califa catalán es esa.
Antes, el que se quedaba con o que no era suyo recibía el nombre de ladrón, pero desde que “el dinero público no es de nadie”, encontrar a un ladrón es complicadísimo.
Y lo mismo sucede con “prevaricación”, “falsedad documental”, “usurpación de funciones”, “desobediencia” (como delito), etc.
Han conseguido, con el paso del tiempo, crear un diccionario sedante que se apoya en el deseo que la gente tiene de no violentarse con las cosas que suceden.
Quien sabe, a lo mejor lo que pasa en España acaba arreglándolo la RAE.

miércoles, 26 de septiembre de 2012

La prehistoria al poder

Ayer la izquierda paleolítica volvió a montar el numerito circense de siempre. Seis mil según el gobierno, trescientos mil según la organización (ésto lo supongo)... lo de siempre.
En la tele los voceras de la prensa de cloaca, tertulianos de la “escuela wyoming”, faltones e irónicos, trataban – como siempre – de justificar los desmanes de una partida de descerebrados con la demagogia manida y barata de los 400 euros, y lo de “son sólo unos pocos violentos”... violentos que sistemáticamente aparecen, que casualidad, en las reivindicaciones de determinado signo.
Las imágenes de ayer, en parodia cómica del mayo francés, presentaba a los “ninis” tocahuevos de siempre, con sus banderitas tricolores guerracivilistas haciendo lo de tirar la piedra y esconder la mano... o mostrarlas en actitud de “yo no he hecho nada”.
Pero ayer, la idea era bloquear el Congreso de los Diputados y, si se podía, como hacen siempre, irrumpir como una piara a boicotear un acto institucional.
Armados con la superioridad moral que les confiere el olor a sobaquina, esta partida de homínidos, reclamaba que les “devolviesen” un poder que – corríjanme si me equivoco – no han tenido nunca.
Es lo de siempre, ganar en algarada lo que se pierde en las urnas... democracia en estado puro para los que deciden quien es y quien no es “el pueblo”, para los que reparten los carnés de demócrata.
Según ellos la mayoría absoluta de Rajoy no está legitimada para gobernar... y quieren sustituirla por un gobierno mas legítimo a las ordenes de Cayo “padrecito” Lara o Gaspar “bocaclancla” Llamazares. Y a los votos del los ciudadanos que les den por donde amargan los pepinos, porque lo que es legítimo y lo que no, lo decido yo consultando con mis ladillas.
Y no faltaba ninguno.
Estaban los de Gordillo, los de Bob Marley, los de Stalin, los de Bakunin y los tontitos que se creían que iban a una manifestación pacífica... porque bloquear el Congreso de los Diputados es – a todas luces – una manifestación pacífica.
Y sucede que – curiosamente – yo estoy de acuerdo con el axioma de que Rajoy no lo está haciendo bien. Creo que aprieta a quien no debe y está dejando las reformas necesarias aparcadas en el limbo del “vamos a no hacernos daño”, que le falta valor, liderazgo, escrúpulos y vergüenza torera... pero jamas, que quiere decir nunca, iré a protestar de la mano de los australopitecus.
Porque hace ya mucho, pero que mucho tiempo, que dejé de creerme sus monsergas.

martes, 25 de septiembre de 2012

Dia de farsa

Según estos farsantes Cataluña no es España. 
España les roba, les expolia, les oprime, les insulta, les humilla... pero estarían dispuestos a ser España bajo un formato político concreto. 
Hablan de “estado libre asociado” o de “federación”. 
Es como si los palestinos pidiesen ser “estado libre asociado” de Israel. 
Y ya me tienen aburrido. 
Nuestros políticos y una buena parte de la sociedad han asumido la falacia de que sobre el futuro de Cataluña sólo pueden decidir los catalanes, que es lo mismo que admitir que España y Cataluña son cosas diferentes. 
Esta creencia, alimentada por los nacionalistas y por la izquierda española, siempre tan dispuesta a cualquier vileza, otorga a una parte de España un derecho inexistente. 
Si España va a cambiar su estructura territorial, lo menos que pueden hacer es preguntarme si estoy de acuerdo, dado que sobre el papel, soy un ciudadano con los mismos derechos y obligaciones que cualquier otro nativo residente en la piel de toro.
Aquí, los nazis del norte quieren, como siempre, hacer trampas... y lo peor de todo es que los “responsables electos” de España están, sorprendentemente, dejándose robar mi cartera y asumiendo un discurso que es falso desde su propio origen. 
Ser español implica que lo que le pase a un extremeño, a un andaluz, a un gallego, a un catalán o a un murciano, me afecta, porque – aunque ciertos anormales digan determinadas estupideces – todos los antes mencionados, y unos cuantos mas que no he listado, forman parte de lo que significa ser español. 
Y ya está bien. 
Una federación se produce cuando varios estados independientes deciden unirse, no cuando un estado independiente decide desmembrarse... y para ser “estado libre asociado”, previamente hay que ser “estado libre”... y cuando un grupo de ciudadanos conspira para destruir el Estado, comete delito de traición (y como a tales delincuentes hay que tratarlos si se forma parte de un “Estado de Derecho”). 
Así que vamos a dejarnos de estupideces y de darle patadas al diccionario.

viernes, 21 de septiembre de 2012

Antipáticos

Son antipáticos, maleducados, paletos y chulos... y da igual lo que hagas por contentarlos porque nunca van a estar contentos. 
Ven ofensas donde no las hay, insultan a todo el mundo, mienten y se creen sus propias mentiras, no atienden a razón alguna, son insolidarios, egoístas, cínicos... se comportan como un paranoico que no se ha tomado la medicación.
Y mientras tanto, los demás, con una paciencia que raya la estupidez, seguimos aguantando mecha, tragando quina, poniendo la otra mejilla para que estos chulánganos de barraca nos la crucen a salivazos. 
Montamos “el Estado de las Autonomías” para que se “sintiesen cómodos”, rompimos el principio de igualdad entre los españoles para que se “sintiesen cómodos”, tragamos ruedas de molino inconstitucionales para que se “sintiesen cómodos”, pero no se “sienten cómodos” y nos llaman expoliadores, vagos, extranjeros... 
Cuando te los encuentras en Londres aclaran a todo el mundo que ellos no son españoles, que son como los kurdos o los armenios y aseguran vivir bajo yugo de la ocupación. 
Ellos queman mi bandera, pitan a mi himno, destrozan los retratos de mi rey... pero el que “ofende” - por lo visto – soy yo. 
Cambian sus nombres y sus apellidos para distanciarse de nuestro origen común, de sus ancestros aragoneses, castellanos, murcianos o andaluces... y cuando van de vacaciones al pueblo que vio nacer a sus antepasados miran por encima del hombro a todo el mundo. 
Y no hay nada que hacer. 
No hay nada que hacer porque ninguna cosa que se haga los atraerá hacia la razón. 
Como son cuatro y el de la guitarra se han inventado lo de “els altres catalans” (los otros catalanes) que son los “catalanes” que proceden de otras partes de España (esos a los que cuando yo era pequeño llamaban “charnegos”) si el mentado ha nacido en Colombia o en Argelia pasa al grupo de los “nous catalans” (nuevos catalanes), y así, poco a poco, van sumando “catalanes” a su causa. 
Dicen que esa Cataluña por la que mi familia lleva derramando su sangre seis o siete siglos no es mía, que es de ellos, que yo sobro y no tengo derecho a opinar sobre lo que se debe y no se debe hacer con mi tierra. 
Y no entienden ni admiten que Cataluña, lo mismo que Extremadura o Murcia, es de todos los españoles... su lema es “nosaltres sols” (nosotros solos). 
Son una minoría voluntariosa, fanática y dispuesta al odio. 
Antipáticos, maleducados, paletos y chulos. 
Son un cáncer para España y habría que tratarlos como tal... o dejarnos morir que, según parece, es la solución “democrática”.