viernes, 6 de octubre de 2017

Una cuestión de confianza

Con mucho, lo que peor llevo de todo este disparate que los impresentables de CUP, los resentidos "esquerrans" y los chorizos de CiU (3% o más) han montado, es la tibia respuesta del Gobierno de España.
Admito que mi juicio - seguramente - se ve condicionado por la natural falta de información que el ciudadano de a pie tiene sobre los temas "delicados" que, casi siempre, están sumidos en cierto misterio por la aplicación del "secreto necesario".
Pero con eso y todo, si es mamífero, de cuatro patas, rumiante y produce leche, las probabilidades de que estemos hablando de una vaca son elevadas.
No se que "as en la manga" tiene Mariano (si lo tiene)... pero - la verdad - no puedo apartar de mi la sensación de que está desbordado por las circunstancias.
Mariano Rajoy Brey no es tonto, adjetivo que si puede aplicarse a otros hermosos políticos, pero en estos casos, la inteligencia debe ir acompañada de cierta voluntad de intervención, de acción, de toma de decisiones... y en eso, nuestro sesteante presidente, no parece destacar especialmente.
Lo de ser un "maestro" en manejar "los tiempos" (como Cronos), ha llevado al PP - por ejemplo - a perder su mayoría absoluta (la mas grande que se ha conocido desde que se instauró este tinglado), a fraccionar su partido, a perder la lealtad de sus votantes... y a poder acudir unicamente al voto del miedo.
Tras salir el Rey de España a decir lo que se supone que tenía que haber dicho el Presidente del Gobierno, la respuesta de Rajoy es - cuando menos - sorprendente: "Hare lo que yo crea que es lo mejor para España, y lo haré cuando yo decida".
Don Mariano, usted no debe hacer "lo que usted crea", ha de hacer "lo que usted debe" hacer, es decir: "Cumplir y hacer cumplir la Constitución" y ya que estamos en ello, el resto de las leyes de nuestro frágil ordenamiento jurídico.
Y no debe hacerlo "cuando usted considere oportuno", debe hacerlo con diligencia, porque la justicia (aunque no estemos acostumbrados a ello) debe ejercerse con diligencia para que sea medianamente eficaz.
Yo no sé que pasa por su cabeza, que cálculos inconfesables le inducen a usted a no hacer nada, a que carajo (con perdón) está usted esperando para dar un puñetazo en la mesa, pero si sé (y cada vez lo tengo mas claro) que dejar que se pudra Cataluña no beneficiará al resto de España.
Se frotan las manos los que ven como las empresas escapan de CataDisney y los bancos mueven ficha hacia casillas mas confortables... pero a mi me dá en la nariz que, como nos enseña la historia, cuando estos "biznietos de puta" salgan por patas de España, lo harán para llevar una vida de multimillonario gracias a lo que ya han robado y están (a toda prisa) sacando de Cataluña.
Y esa tierra arrasada económicamente por los "patriotas catalanes" (únicos culpables de lo que está sucediendo) la tendremos que levantar otra vez (otra vez, maldita sea) los parias de allende el Ebro.
Usted estará muy tranquilo Don Mariano, usted sabrá lo que hace, pero le adelanto que "la confianza", mia y de muchos españoles, la está perdiendo por momentos.



miércoles, 4 de octubre de 2017

Cuando eramos libres

Hemos escuchado de labios de un venezolano aquella frase de “eramos libres y no lo sabíamos”. A día de hoy me acuerdo mucho de esa frase, porque quizá, en no mucho tiempo, repetiremos esta frase como una jaculatoria.
Lo digo, porque cuando era joven estudié que para ganar una batalla (o por extensión una guerra) era necesario que pudiesen materializar tres principios:

1) Voluntad de vencer. Sin la cual es imposible acometer cualquier batalla. Si un jefe no puede transmitir este deseo, es imposible obtener una victoria.

2) Capacidad de ejecución. Para hacer algo hay que saber como hacerlo, disponer de los medios y usarlos correctamente… y

3) Libertad de acción. El objetivo se alcanza cuando el enemigo no lo puede impedir. Conseguir la libertad de acción es prioritario. Es en definitiva, llevar la iniciativa.

A la luz de estos principios el análisis de lo que sucede en Cataluña es desesperanzador.
Se han cometido muchos errores, casi todos de omisión, y nuestro sesudo gobierno (por llamarlo algo) ha caído en la soberbia de pensar que el enemigo era insignificante.
No ha pasado por su cabeza el pensamiento de que estos “cuatro gatos” llevan cinco años preparando esto. Están organizados, fanatizados, bien dirigidos y tienen delante un enemigo que no puede hurtarles la libertad de acción.
¿No puede hurtársela?… quizá me he expresado mal: no QUIERE hurtársela.
En estas condiciones no hay batalla que se pueda ganar.
La balcanización que llevo, que llevamos, anunciando algunos agoreros desde hace más de quince años está llegando. De forma imparable.
Y llega en un mal momento o – quizá – porque estamos en un mal momento.
Llega cuando estos energúmenos se enfrentan al vacío… con la nada enfrente, su libertad de acción está asegurada.
No tiene solución pacífica.
No hay diálogo posible.
Vienen tiempos duros.

Eramos libres, y no lo sabíamos.

lunes, 2 de octubre de 2017

De tontos y cacerolas

Ahora resulta que robar en un supermercado, si lo haces de forma pacífica, no es delito.
Oponerse a la acción de la justicia impidiendo la actuación de la policía en el cumplimiento de sus obligaciones, es una figura contemplada en el código penal. Tiene matices, pero es un delito… si te opones con la fuerza es peor, pero no deja de ser un delito porque te opongas con flores y globos.
Vestir de “derecho democrático” la comisión de un delito es algo que sólo puede realizarse en un entorno donde la ignorancia y la estupidez (se puede ser ignorante pero no estúpido) se aderezan con grandes dosis de odio.
Me estoy refiriendo – como no – a mis paisanos. No todos mis paisanos, pero sí un número significativo de ellos.
Y no es verdad que el “Estado español” lleve “treinta años” machacando al pueblo catalán. Eso, simplemente, es mentira desde el momento en que las leyes que rigen en Cataluña son las mismas que rigen en Albacete. Yo – incluso – me atrevería a decir que es el “pueblo catalán” el que lleva machacando desde hace treinta años a los que no comulgan con su visión xenófoba, paleta y miserable de la sociedad.
¿Quiere un ejemplo?: multar a quien rotula su comercio en español o no dejar que un niño reciba educación (en España) en español. ¿Se puede ser más nazi?
El “Estado español” cometió un error enorme dándoles alas a los políticos catalanes en la creencia de que permitiéndoles el uso de ciertas prebendas, estos obrarían con lealtad hacia España. Quid pro Quo.
Pero yo – que he nacido y me he criado aquí – y cualquiera que tenga el menor conocimiento de cómo se las gastan en estas latitudes,  sabíamos que el “Estado de las Autonomías” tenía posibilidades de funcionar en Extremadura o en Aragón, pero en Cataluña (o las vascongadas) no.
Ahora, a los tontos de la cacerola (dale a un tonto una cacerola y verás la que lía) les han dado su “revolución de juguete”, un sentido a sus vacías y estúpidas vidas, una “causa” por la que luchar… y así – los chorizos que llevan treinta años robando a dos manos del erario público mientras se esconden tras la senyera – han mandado este fin de semana a los corderillos a que cometan un delito en su nombre. La payasada del siglo vestida de legítima “insumisión”. La patochada de las urnas que ya traían los votos dentro antes de abrirse los “colegios electorales”, vestida de “referéndum”. Si no fuese para llorar, nos moriríamos de la risa.
No ha recibido Puigdemont ningún porrazo, ni Junqueras que yo sepa, ni el rufián de Rufián (paradigma de lo que por aquí crece hasta debajo de las setas)  pueden lucir ni siquiera un orgulloso morado… ellos tomaban café en sus casas mientras contemplaban gozosos como las porras de la Policía y la Guardia Civil abollaban las cabezas de los “tontitos de la cacerola”.
Se habla de desproporción, pero no ha sido así… la realidad es otra.
Por este orden, el Gobierno de España primero y los Mossos de Escuadra después (a partir de ahora la policía de Otegui) han hecho una flagrante dejación de funciones cuando no (en el caso de la policía de Otegui) se han puesto a delinquir directamente.
Ahora hay que hacer una reflexión.
¿Es necesario cambiar el modelo territorial?... para mi es evidente. El Estado de las Autonomías sobra. Ha fracasado, nos ha arruinado y ahora amenaza con devorarnos.
Los tontos de la cacerola es otro tema a considerar.
¿Podemos ganar su afecto?, yo creo que no. El odio les incapacita. No pueden pensar.
El “sentimiento” (tan sobrevalorado en las blanditas sociedades occidentales) ha sustituido al raciocinio. Y eso los hace irrecuperables para la convivencia.
Esto se pone de manifiesto en la tozudez con que se oponen a escuchar una verdad que no desean oír: que no van a formar parte de la CEE, ni van a poder pagar sus pensiones, ni van a poder ver realizadas las promesas que los canallas que calientan sus débiles cerebros, han hecho para manipularlos en su beneficio (en su personal beneficio, no lo olvidemos).
Y como con los que no aceptan la razón no cabe el dialogo, la única opción posible es no hacerles caso y mantenerlos sometidos a la ley… la  misma ley que los que no sufren paranoias ni se dejan engañar por encantadores de serpientes, acatan sin pegas.
Y hasta que los diferentes “Estados Españoles” no asuman que a estos irresponsables no hay que darles ni agua, seguirá existiendo “un problema”. Especial mención merecen los de la escuela zapateril (el padre de todos los tontos) que piensan que dándole pimientos a los que quieren tomates, se pueden satisfacer sus demandas.
Creo además que, tanto si se separan como si no, en un plazo de veinte años, la catalanidad de los catalanes será el menor de los problemas de Cataluña. Hay un verdadero problema en el horizonte, un horizonte tapado por los árboles del bosque, las banderitas cubanas y las soflamas independentistas… ¿Saben ya los tontos de la cacerola hacia donde queda la Meca?

sábado, 23 de septiembre de 2017

Cataluña

Ayer cenando con unos amigos salió, como no, el tema de Cataluña.
Como soy catalán y he pasado mi infancia y adolescencia en Barcelona, donde todavía residen mis padres y dos de mis hermanos, creo que puedo hablar de esto con cierta solvencia.
No es cierto que esto que está pasando sea un fenómeno sobrevenido.
Desperté a la política en la década de los setenta.
Yo era un adolescente que trataba de entender lo que sucedía a mi alrededor, intentando hacerme un  sitio en una sociedad en la que – por mi educación – no encajaba demasiado bien.
Ya en esa época viví la desafección del pueblo catalán hacia España… tenia entonces quince años y ahora tengo cincuenta y siete, y lo recuerdo como si fuera ayer.
La Barcelona que viví en mi juventud era una ciudad moderna (o al menos de eso hacía gala).
Se consideraba a si misma la “punta de lanza” de España, la mas europea de sus ciudades, la que tenía las universidades mas adelantadas… no había deporte por minoritario que fuera que careciese de federación,  cualquier afición artística, cultural o técnica disponía de asociaciones de apoyo, clubs donde ejercerla o centros donde desarrollarla.
Florecía una “cultureta” de fotografía, pintura, escultura, literatura, teatro, deporte… mi colegio, el “Padre Mañanet” de las Corts, de la congregación de “hijos de la Sagrada Familia”, por ejemplo, tenía un prestigioso equipo de hockey sobre patines y un equipo de baloncesto (al que pertenecí por un breve espacio de tiempo) que despuntaba como duro rival en las ligas escolares.
Creo que era – en efecto – diferente a otras sociedades.
La Cataluña industrial y adinerada, era un lugar en el que a fuerza de trabajo, de negociar, de ganar dinero,  podía uno irse haciendo un hueco en la sociedad, algo que no pasaba (y sigue sin pasar) en otras zonas de España donde los apellidos – por poner un ejemplo que conozco - siguen pesando mucho mas de lo que la razón aconseja.
Creció en Cataluña una clase media que tenía dinero, coche, apartamento en la playa, electrodomésticos caros y máquinas de fotográficas sofisticadas, pero que en las estanterías de sus salones,  solo se podía encontrar – en el mejor de los casos – una enciclopedia “Larousse” apenas estrenada.
Los niños de mi generación crecieron en la idea de que ser catalán era mejor que ser de Albacete, que eramos mas modernos, mas inteligentes, mas civilizados… nuestras sierras y montañas eran inmejorables y nuestra industria podía competir de tu a tu con las mejores empresas de Europa.
Viví una Cataluña llenita de “charnegos” de primera generación que – en esa creencia - hicieron lo imposible por hacerse perdonar su origen mesetario o meridional.
Y no hablo de oídas, lo viví en el colegio.
Esa sociedad de mi infancia ya rechazaba cualquier cosa que significase autoridad.
Especialmente despreciados eran aquellos colectivos que dedicaban su vida al servicio público en los denominados “Cuerpos de Seguridad del Estado”. Para una sociedad que siempre ha visto como única meta respetable hacerse con un capital, cuanto mas grande mejor, vivir una vida de sacrificios por un sueldo miserable, ha sido siempre algo incomprensible.
Y sí, no es caricatura o leyenda, el pueblo catalán es muy materialista. Mucho.
Quiero también hacer un apunte que viene al caso.
En este entorno, las carreras mas deseadas eran Económicas, Derecho, Medicina las diferentes ingenierías y de forma tangencial pero no exentas de cierto prestigio, Geografía e Historia o Filosofía, aunque ya en aquella época se las consideraba carreras sin demasiado futuro.
Los que sacaban buenas notas en el colegio se distribuían uniformemente entre esas facultades, los estudiantes torpes tiraban por INEF (si tenían aptitudes para ello) o Magisterio.
A resultas de eso, mi generación aportó una legión de resentidos a las carreras que ya entonces empezaban a articularse como fábricas de separatistas.
La OJE, no era moderna, los Boy Scouts si. Y en los grupos de Boy Scouts que se formaban en las parroquias de mi infancia, ya se implantaba el amor por la “terreta” con un entusiasmo digno de las hitlerjugend.
En la parroquia de mi barrio (donde mi madre fue catequista) los “mosens” se apuntaban al catecismo holandés con entusiasmo, interpretaban el Vaticano Segundo con una ligereza sorprendente y predicaban que había que amar al prójimo incluso aunque éste no fuese catalán.
La Iglesia catalana tiene una parte importante de responsabilidad en los lodos de aquellas aguas.
Así que no estoy sorprendido.
Tras treinta años de manipulación interesada, la desafección de antaño se ha tornado odio.
No se equivocan todos esos catalanes intelectuales, actores, cantantes, profesores de universidad, etc, que  dicen que esto que trata de montar Puigdemont es un disparate. Ellos lo saben bien, porque  colaboraron con entusiasmo en la siembra de esta madreselva que amenaza ahora con devorarlo todo.
Salí de Barcelona al cumplir los veinte y, aunque he vuelto a ella todos los años de mi vida a pasar temporadas, a visitar a mi familia, a trabajar en alguna ocasión… a día de hoy, este catalán en quinta generación no se identifica ya con su tierra ni con sus gentes.
Y no puedo quitarme de encima la sensación de que ya es tarde… Cataluña, por la desidia de los sucesivos gobiernos de España, la estupidez de Zapatero (aprobaré lo que votéis) y la mala leche y la sinvergonzonería de los chorizos pudientes (Pujol y compañía), está ya perdida.