miércoles, 3 de junio de 2015

El mimbre y los cestos

Cada vez tengo mas claro que los Estados no moldean a los pueblos sino que son los pueblos los que moldean los Estados.
El que trate de implantar un Estado similar a una “democracia occidental” en un país islámico, se va a llevar como poco una sorpresa y, casi siempre, un disgusto.
En España pasa algo similar.
La sacrosanta transición nos cambió un modelo de Estado “normal” por una cosa absurda que sustituía la descentralización por el despedazamiento.
En Narnia, Westeros, Terabithia o cualquier otro país imaginario, este modelo basado en eso que llaman “solidaridad inter-territorial”, podría haber funcionado, pero en España, el país de cazurros con mas envidiosos por metro cuadrado del mundo, hablar de “solidaridad inter-territorial” es algo así como hablar de la naturaleza alegre, dicharachera y despreocupada de los pueblos nórdicos… una enorme y vistosa estupidez.
Porque en España, cada casa es un castillo y cada vecino el enemigo… aunque luego donemos los riñones o demos dinero para las hambrunas africanas.
De hecho me cuesta trabajo entender porque en un país de chorizos, donde roba todo el que puede y donde el amiguismo, nepotismo, favoritismo y otras cuantas palabras que terminan en “ismo” son el “panem nostrum quotidianum”, se escandaliza tanto la gente de que tengamos corrupción en la política.
Los políticos salen del mismo saco de miércoles que los taxistas, los médicos, los arquitectos, los abogados, los albañiles, los militares, los jueces, los bomberos, etc, etc, etc… no vienen de Marte o de Plutón. Y que sean impresentables se debe – sobre todo - a que ese conjunto de españoles que no forman parte de la mafia política los pone y los mantiene ahí.
Que al español la corrupción se la trae al pairo se ve cada vez que publican los resultados electorales.
Luego, los mas espabilados, nos intentan explicar a los mas torpes que esos resultados son fruto de “votos de castigo”, “redes clientelares” y cosas así… pero lo cierto, la verdad palmaria, es que el pueblo español no está capacitado para vivir en un modelo de Estado donde se tengan que tomar decisiones pensando en el bien común.
De modo que el “modelo autonómico”, que no fue una concesión de ilusos para contentar a los nacionalistas sino una traición a España en toda regla, ha llevado a nuestra agónica Nación a tener un modelo de Estado en el que sus ciudadanos no sólo no somos iguales ante la ley, sino que además pagamos diferentes impuestos, recibimos subvenciones distintas, nos educamos de diferente forma y – sobre todo - nos odiamos a muerte… un modelo en el que nadie quiere “ser español” (excepto cuando juega la selección).
En esta onerosa perversión de “democracia occidental” que estamos condenados a sufrir cada vez que intentamos implantar una, cualquier tarado que base su discurso en simplezas de taberna tiene acogida. Es más, tiene mejor acogida si en vez de decirlas las grita como una verdulera y – de paso – insulta al que tiene al lado.
En esta democracia que nos hemos dado, el odio da votos… y eso es así porque el español, genéticamente hablando, está diseñado para responder a ese estímulo.
Por eso, desde que España es España, cada cuarenta años o menos nos cosemos a puñaladas los unos a los otros... y me da la sensación que – tras setenta y pico años de convivencia - ya estamos tardando.
Menos mas que los de “Podemos” (con la ayuda del PSOE), los de Mas y los de Urkullu, han llegado para remediarlo.

lunes, 1 de junio de 2015

Otra de pitos

Tuve la suerte de ser educado en el amor.
Mis padres trataron de inculcarme – con relativo éxito – unos principio basados en el amor… principios de amor a Dios, a España, a la familia, a la vida, etc.
No me crié odiando a los franceses, a los judíos, a los taxistas, a los homosexuales o a los gordos… de hecho, incluso mis irracionales antipatías se veían atemperadas siempre por el convencimiento (sabiamente inculcado) de que todos somos hijos de Dios y, por ende, sujetos de indulgencia.
De modo que he terminado siendo un gruñón bastante tolerante.
De hecho, me sorprende lo poco que me molesta que la gente haga lo que le dé la gana con su vida y su dinero o que piense lo que le parezca mejor… siempre con los límites que marcan la verdad, el respeto por tus semejantes y la honestidad personal e intelectual. No soporto a los mentirosos, a los malintencionados, a los que piden respeto sin respetarme y a los deshonestos…  
Siendo así mi infancia, desde muy pequeño me vi forzado a nadar contracorriente… porque en mi Barcelona natal, desde que tengo consciencia, la educación predominante se apoyaba sobre principios de odio. De odio a España, a lo español, y - en general - a los que no eran “de los nuestros”…
De todas las paradojas a las que me he enfrentado en mi infancia y juventud, una de las mas tempranas, fue la de verme frente a un clero que inculcaba estos principios de odio. 
Al crecer en el seno de una familia Católica mi tendencia natural era la de creer que un hombre que asumía el sacrificio de entregar su vida al servicio de Dios y de los hombres, cualificado – en teoría – para despejar las dudas de índole espiritual que tuviésemos los feligreses, tenía que ser, forzosamente, una persona admirable… pero la realidad que presencié fue otra muy distinta. 
No abandoné mis creencias porque - gracias a Dios – fui capaz de darme cuenta de que el discurso no cuadraba con la sotana y que, al fin y al cabo, en su condición de hombres, también ellos estaban sujetos a la comisión de errores… dicho de otro modo, que no había que hacerles ni caso cuando se ponían pontificar sobre política.
La mayor parte de ellos terminaron colgando los hábitos (no sin antes sembrar amargas dudas en muchas cabezas adolescentes)… su misión apostólica – a la postre - consistió en vaciar las iglesias de jóvenes. Sobre todo de aquellos jóvenes que acudieron a ellos pidiendo ayuda espiritual.
El resto lo puso una sociedad ultra-materialista, pancista, pragmática hasta la enfermedad, siempre acomplejada y envidiosa como pocas… y no lo digo con ánimo de ofender, sólo describo lo que viví en mi infancia. En mi Barcelona natal, cualquiera que manifestase el deseo de sacrificarse por alguna causa noble, era tildado de orate inmediatamente… la única aspiración respetable era la de hacerse un sitio en el siguiente escalón social, ganando mucho dinero (aunque hubiese que hacerlo honradamente).
El nacionalismo cultivó además una xenofobia que – hoy por hoy – es ya endémica. No se odiaba a los negros (entre otras cosas porque a los negros no se les veía por la calle cuando yo era pequeño) pero se ridiculizaba y se afeaba a los “charnas” (charnegos, inmigrantes, los que no son “de pata negra” catalana) y se despreciaban sus costumbres... tolerándolas a duras penas y tratando de hacerles ver siempre que lo “nuestro” era mejor que lo que habían dejado atrás.
¿Exagero?, puede ser, pero como cada uno cuenta la feria según le va en ella, yo cuento la que viví.
Por eso, cuando varios miles de energúmenos se arman de silbatos para vaciar la bilis en un acontecimiento deportivo, no me sorprendo.
La balcanización de España empezó en mi infancia, amparada por la Iglesia, y con el apoyo de esa burguesía catalana que lleva cuarenta años robando a dos manos en lo que ya considera su cortijo.
Cuando se pita un himno y se abuchea a un representante oficial, se está insultando a los representados por ese himno y por esa persona. Es, al menos, una falta de educación y de tolerancia, pero sobre todo es una manifestación de odio irracional y primitivo.
Los ofendidos de forma tan gratuita no acaban de entender las razones de ese odio… yo si lo entiendo, es el odio propio de una sociedad paleta, casposa y cutre… la sociedad en que se han convertido los catalanes a fuerza de mirarse el ombligo y sembrar el odio. 

viernes, 29 de mayo de 2015

Yo también analizo

La estadística es la ciencia que sirve para justificar cualquier estupidez.
Si el dieciocho por ciento de los accidentes de tráfico los generan personas con  mas alcohol en sangre de lo reglamentario, a lo mejor hay que empezar a tomar medidas contra los abstemios que, según esta estadística, son los que provocan el ochenta y dos por ciento restante... ¿no?
Este ejemplo y el del pollo (si tu te comes un pollo y yo ninguno, estadísticamente hablando, nos hemos comido medio pollo cada uno), siendo malintencionados chascarrillos no dejan de reflejar esa realidad de que – con frecuencia – los árboles impiden ver el bosque.
Yo también tengo mis árboles y mi propia visión del bosque, pero me asombran las conclusiones que se extraen de las estadísticas, y me llama poderosamente la atención como el ser humano (único animal experto en excusase) es capaz de aferrarse a cualquier chorrada para salir del paso.
El panorama político al que nos enfrentamos se debe – al menos – a una combinación de causas entre las que yo incluiría las siguientes:
1.- Una situación económica adversa producto de... lo que sea. El español medio ha pasado de endeudarse alegremente para ir al Rocío o de vacaciones a Cancún, a no llegar a fin de mes para poder pagar la hipoteca y la cesta de la compra que – dicho sea de paso – se ha triplicado en pocos años.
2.- La naturaleza envidiosa y miserable del español medio.
3.- El hecho fácilmente constatable de que la clase política nacida de la “Transición” - que debería haber sido ejemplar en todos los aspectos – ha derivado en un grupo social desprestigiado por su falta de cualificación y por la ausencia de control - como poco - sobre el personal implicado en sus numerosos casos de corrupción.
4.- La aparición de un grupo de personas perfectamente preparadas para canalizar el odio, la envidia y la frustración de los ciudadanos hacia un proyecto político que sólo beneficia a quienes lo dirigen.
5.- La endémica falta de cultura que arrastramos desde que se decidió aceptar como buenos los modelos educativos “modernos” que – a cual peor – han ido degradando intelectualmente a nuestra sociedad hasta el extremo de poder afirmar que un estudiante de bachillerato de los años sesenta, atesoraba una cualificación intelectual muy superior a la de muchos licenciados universitarios del siglo XXI. (Incluyendo la capacidad de escribir sin faltas de ortografía), y
6.- La constatación – sobre todo por parte de su electorado - de que el PP de Mariano Rajoy Brey ha materializado la tercera legislatura de Zapatero.
La subida de Podemos al poder a través de sus marcas “blancas” se ha producido por la movilización del voto “joven” (ese que no tiene trabajo, futuro o algo que perder... y no tiene ni idea de lo que está haciendo), la desaparición de Izquierda Unida y el millón largo de votos que ha perdido el PSOE por la su izquierda... también, aunque creo que en menor medida, ha habido algunos ilusos (por no llamarlos tontos de baba) que se han tragado lo de que estos stalinistas de todo a cien van a mejorar el país.
Ciudadanos ha demolido lo poco que quedaba de UPyD y se ha llevado una parte de los votos de los ilusos (otra vez) que creían que estaban votando a un partido de centro-derecha sin “corrupción” en sus filas.
De no haber existido Ciudadanos, ese voto se hubiese quedado una parte en casa, otra parte en UPyD y una tercera parte habría ido al PP en forma de voto “útil”... ahora que Ciudadanos va a dar su apoyo al PSOE en todas partes, los “engañaos” van a descubrir (por fin) que Ciudadanos  tiene mucho mas de PSOE que de UCD, que es algo que a poco que se estuviese atento a las declaraciones de sus dirigentes, se podía deducir a la primera.
VOX, por su parte se ha llevado una minúscula parte del voto del PP. En Madrid han sacado cerca de nueve mil votos, irrelevante salvo por el hecho de que a Esperanza Aguirre le han faltado siete mil para conseguir un concejal más... (que no hace granero pero ayuda al compañero). En general el votante del PP ha visto en VOX un proyecto poco viable.
De modo que una vez más, el que se queda en casa es el que determina en España quien va a gobernar.
Así que esta vez gobernará la izquierda porque el votante del PP se ha quedado en casa.
El derrotado PP mira ahora a los absentistas y les culpa de su fracaso... ¡Alguien tiene que ser el responsable!.
Y aquí es donde está la clave de lo que está pasando.
El votante tiene su responsabilidad en la medida en que con sus votos se configuran las estructuras de gobierno... pero al votante no se le puede pedir que apoye políticas abyectas en manos de políticos abyectos por “el bien de España”, porque si el votante hace caso a esta falacia, el “bien de España” no va a llegar nunca, ya que el político abyecto seguirá haciendo políticas abyectas con el apoyo del que se ve abocado a elegir entre comer basura o directamente heces, sin que nada que se parezca a un plato de comida se vea en el horizonte.
Al PP le ha castigado su votante. A Podemos le ha premiado la izquierda.
Con un poco de suerte, si el PP deja de buscar responsables fuera de sus propias filas y se pone las pilas, el votante del PP volverá a votarlo... o no (como dice Mariano).

lunes, 25 de mayo de 2015

Las ondas electromagnéticas

Nikola Tesla fue un inventor, ingeniero mecánico, ingeniero electricista y físico de origen serbio y el promotor más importante del nacimiento de la electricidad comercial.
Se le conoce, sobre todo, por sus numerosas y revolucionarias invenciones en el campo del electromagnetismo, desarrolladas a finales del siglo XIX y principios del siglo XX.
Las patentes de Tesla y su trabajo teórico formaron las bases de los sistemas modernos de potencia eléctrica por corriente alterna, incluyendo el sistema polifásico de distribución eléctrica y el motor de corriente alterna, que tanto contribuyeron al nacimiento de la Segunda Revolución Industrial.”

“Segundo hijo de Giuseppe Marconi, terrateniente italiano, y su esposa de origen irlandés Annie Jameson, Guglielmo Marconi, estudió en la Universidad de Bolonia. Fue allí donde llevó a cabo los primeros experimentos acerca del empleo de ondas electromagnéticas para la comunicación telegráfica.
En 1896 los resultados de estos experimentos se aplicaron en Gran Bretaña, entre Penarth y Weston, y en 1898 en el arsenal naval italiano de La Spezia.
A petición del gobierno de Francia, en 1899 hizo una demostración práctica de sus descubrimientos, y estableció comunicaciones inalámbricas a través del canal de la Mancha, entre Dover y Wimereux. Patentó la radio, aunque solo en un país y utilizando para su realización catorce patentes de Nikola Tesla, fechadas el 2 de julio de 1897 en el Reino Unido.”

“La televisión tal y como hoy la conocemos derivó de la invención del iconoscopio de Philo Taylor Farnsworth y Vladímir Zvorykin. Esto dio paso a la televisión completamente electrónica, que disponía de una mayor definición de imagen e iluminación propia.
Las primeras emisiones públicas de televisión las efectuó la BBC en Inglaterra en 1927 y la CBS y NBC en Estados Unidos en 1930. En ambos casos se utilizaron sistemas mecánicos y los programas no se emitían con un horario regular.”


Nikola Tesla, Guglielmo Marconi, Philo Taylor Farnsworth y Vladímir Zvorykin fueron grandes hombres que – como Mariano Rajoy Brey – tuvieron problemas de comunicación.