sábado, 24 de julio de 2010

El diablo en la cocina

 
Ayer, en el transcurso de una agradable conversación en la terraza de un bar, saboreando un par de cervezas frías (muy frías), que permitían mitigar los efectos de la impertinente temperatura veraniega, caí en la cuenta de que lo de Zapatero es – como decía la Pajín – un acontecimiento planetario.
Y lo es porque su estupidez, su soberbia y su sectarismo están afectando ya al planeta entero.
Vende Zapatero – como un sablista profesional – el éxito de colocar la deuda. No sólo nos tiene arruinados y pidiendo para vivir, sino que además, está dispuesto a endeudar al planeta… porque en manos de este ser viviente, la deuda española va a alcanzar dimensiones planetarias.
Cada vez que el gobierno Español le ha condonado la deuda a un país del tercer mundo y medio (esos que no acaban de ser del tercer mundo pero que – evidentemente – no pertenecen ni al segundo ni al primero) me he preguntado porqué se presta dinero a un país cuando sabes que no puede devolverlo… para hacer eso, lo mejor es donarlo directamente, ya que  - al menos - de ese modo te las puedes dar de caritativo… perdón, “solidario” (que es como caritativo pero quitando a Dios de en medio).
Ahora pienso sinceramente que Zetapé y sus alegres millonarios leninistas, esperan que llegado el momento nos condonen la deuda, porque para crear las condiciones que nos permitan pagarla, a la vista está, no están haciendo nada.
Me duele enormemente constatar que como le pasaba a Alfonso Armada, la oposición ni está ni se le espera… básicamente porque en su condición de políticos profesionales, viven del marasmo social, de la mentira y de crear situaciones a las que poder aplicar soluciones inadecuadas.
Cuando la lluvia arrecia, nuestros próceres azuzan los peores instintos del populacho… y como la envidia en el españolito de a pié es genética, explotan – apoyados por ese colectivo de impresentables que se hacen llamar cuarto poder – el encizañamiento social  que permite a estos inútiles seguir cometiendo delitos de lesa Patria con total impunidad.
No se si será por primera vez en la historia (España tiene una historia cuajadita de ejemplos de todo tipo) pero – desde luego – desde que yo recuerde, el enemigo numero uno de los españoles son sus representantes políticos.
Los defensores de la libertad repartiendo grilletes… y Manuela Malasaña durmiendo la siesta.

viernes, 23 de julio de 2010

Lo malo mola


Una de las cosas que más me llama la atención del universo progre es la apasionada defensa que hacen de cualquier cosa que contribuya a destrozar la sociedad en la que viven.
Son como los esbirros de Fumanchú pero con barba de dos días.
Cuando se plantea cualquier tema que tenga que ver con el bien y el mal, ellos, sistemáticamente, se ponen del lado del mal.
A base de retórica de saldo, de consigna reiterada, de capotazos dialécticos para desviar la discusión hacia temas que nada tienen que ver con lo que se discute, se muestran siempre partidarios de lo que en cualquier mente normal (lo siento señor Sebastián, no se me ocurre otro adjetivo) produce repulsión.
Cuando se trata de violados y violadores, defienden al violador… si hablamos de humillar a las mujeres con prendas inadmisibles, se ponen del lado del Islam… si hay que anteponer el negocio de un criminal a la vida de un inocente, defienden al abortero…
La última indecencia que ha protagonizado nuestro gobierno de dinamiteros es liberar a un grupo de asesinos de ETA… porque – nuevamente – los derechos del asesino, para esta piara de sectarios, pesan más que los de la víctima.
Simpatizan con los malos, son así… lo malo les mola.
Algún día habrá que juzgarlos por alta traición… aunque no se si lo verán mis ojos.
¡Que hemos hecho, Señor, para merecer este castigo!

viernes, 16 de julio de 2010

¿Cómo dice?


El chulo de Iznájar se ha descolgado con que los españoles tenemos que cambiar la Constitución para que los observadores de su ombligo no tengan que modificar el “Pastatut”.
Como la castaña pilonga no pasa por el tamiz, quitamos el tamiz y listo.
La desfachatez roza el delito, y el de las cejas de punta – responsable directo de este desaguisado – sale a la palestra y con esa media lengua con la que se expresa, nos da lecciones de democracia (¡manda huevos!) y nos habla de la imposibilidad de “taparles la boca” a los catalanes.
Yo, personalmente, no tengo ningún interés en que le tapen la boca a los catalanes, pero que se la partan de una “mascá” a esta partida de inútiles, me parece hasta necesario.
Porque el club de amigos del tres por ciento – cuando habla – se siente respaldado por una enorme masa de catalanes que – seamos realistas – simplemente, no existe.
Como Zapatero, sienten que por alguna convergencia planetaria inexplicable, los intereses de la Patria coinciden, punto por punto, con sus propios intereses... de modo que no hay desmán que no puedan arropar con una bandera.
Así estos cleptócatras del pacto del Tinell, nazis hasta la nausea cuando se trata de imponer su criterio paleto y miserable, con una representatividad en el parlamento Español que no les corresponde por número de votantes, pretenden que España cambie las reglas del juego para ocultar su incapacidad manifiesta a la hora de legislar.
Y a mi, que estos tontos quieran hacer juegos malabares con antorchas, lo puedo entender, pero que el presidente del consejo de ministros del gobierno de España (marca registrada) los apoye... no me entra en la cabeza.
Zapatero tiene que dimitir, convocar elecciones y desterrarse a la micronésia...
Es urgente.

jueves, 15 de julio de 2010

Los lloricas


Cuando era pequeño, en mi Barcelona natal, los de siempre, hablaban de separatistas y separadores.
Por supuesto, los malos eran los separadores. Los separatistas, a fin y al cabo, estaban justificados por la existencia de un régimen (el de Franco), que en vez de machacarlos – como hubiese hecho un buen stalinista con una zona que permaneció hasta el final de la guerra en el bando contrario – los puso al frente del motor económico de España, en detrimento, claro está, de otras zonas cuyos habitantes se vieron obligados a emigrar masivamente.
La decisión de Franco, a mi modo de ver, no fue desacertada. Cataluña reunía unas buenas condiciones para asumir un rápido desarrollo industrial... y como en esos años de cenizas y hambre había que optar entre revoluciones pendientes o comer caliente, Franco, con buen criterio, eligió la segunda.
Cataluña se vio así favorecida por un apoyo que no se prestó a otras zonas de nuestra Patria... algo que nunca reconocerán los que se han creído esa versión “oficial” de nuestra historia que se han inventado los jiliprogres de mi generación.
Los separadores (como habrán imaginado) son los de “Madrit”... esa gente malísima que se levanta por las mañanas pensando que cosa pueden hacer para fastidiar a los catalanes.
He de decir que los años que he pasado fuera de Cataluña, nunca me ha avergonzado decir que soy catalán... ni al decirlo he sentido rechazo alguno por parte de mis interlocutores... lo que me ha llevado a concluir que los “separadores” son algo así como el hombre del saco, seres puramente imaginarios.
Ayer, los parlamentarios catalanes volvieron a esgrimir el tema de los separadores refiriéndose a la sentencia del TC. Una vez más, volvieron a amenazarnos con declararse independientes... entonaron a coro la  cantinela del paleto, la tragicómica pataleta del ofendido, el patético discurso de los victimillas.
Redactan un “Estatut” con los pies y el apoyo incondicional del jefe de los pirómanos... lo hacen mal, rematadamente mal, inconstitucional hasta los tuétanos... lo aprueban a capón y lo someten a un escuálido refrendo que – en una democracia de verdad – hubiera dado al traste con el texto... y ahora que después de casi cuatro años dándoles oxígeno el TC ha parido un no se sabe muy bien que (altamente interpretativo) se rasgan sus farisaicas vestiduras y nos amenazan con hipotéticas independencias.
Juegan con fuego... y mas tarde o mas temprano, se van a encontrar frente a sus demonios.
Y no les va a gustar.