domingo, 25 de abril de 2010

Tensar la cuerda


En el año 2010 si las cosas no cambian – y no tienen pinta – alcanzaremos el 20,5% de paro.
Eso, en matemáticas agropecuarias, significa que uno de cada cinco españoles (de los españoles que sostienen esto, no de los que viven de esto) estará en paro cuando acabe el año.
Ahora, cuando hemos superado ampliamente las cifras de paro de los gobiernos mas corruptos de la democracia (esos que dirigió el multimillonario Felipe González Márquez), cuando Garzón se presentaba a las elecciones con el PSOE, hay que tensar la cuerda, desviar la atención, enfrentar a los españoles…
Entre los gritos que se coreaban en la vergonzosa manifestación de asalariados de ZP (no se crean, reunieron unos cuantos miles de personas) la consigna “Esta vez no pasarán” se coreaba con entusiasmo.
Acudo a la hemeroteca y leo:

La lógica histórica aconseja soluciones más drásticas. Si el estado de alarma no puede someter a las derechas, venga, cuanto antes, la dictadura del Frente Popular. Dictadura por dictadura, la de izquierdas. ¿No quiere el Gobierno? Pues sustitúyale por un Gobierno dictatorial de izquierdas… ¿No quiere la paz civil? Pues sea la guerra civil a fondo. Todo menos el retorno de las derechas.

Esta lindeza se ha publicado en España. Se perpetró en el diario “Claridad” el 16 de julio de 1.936 y la firmaba Largo Caballero (ya saben, el moderado) unos días después de que la escolta personal de Indalecio Prieto quitára de enmedio a Calvo Sotelo de un tiro en la nuca.
Querían la guerra.
Querían implantar una dictadura de izquierdas.
Pero eso no es lo peor.
Lo peor es que siguen deseándolo.

sábado, 24 de abril de 2010

¿Qué pasa?


Ayer fui testigo de un incidente que terminó con la detención de un joven.
Cuando regresaba de recoger a uno de mis hijos de uno de esos centros de ocio (ya saben, cines, restaurantes, boleras…) de las afueras de Madrid, a eso de las once y media de la noche, me llamó la atención lo que parecía un accidente de tráfico sin importancia.
Dos coches se habían dado un golpe que – a juzgar por el aspecto de los vehículos – debía ser de poco calado.
Sin embargo, de uno de ellos se había bajado un muchacho que andaría en la veintena con un bate de béisbol pequeño (tamaño “junior”, mas cerca de una porra grande que de un bate) y se estaba dedicándose a destrozar los cristales del otro coche donde una muchacha, completamente aterrorizada, intentaba zafarse de la lluvia de cristales.
Paré el coche, como otros conductores y llamamos la atención del vándalo que, como era de esperar, respondió propinando un fuerte golpe en el brazo a uno de los ciudadanos que se dirigió a él para afearle la conducta.
Tomé la matrícula del coche por si se daba a la fuga y, mientras amenazaba con machacar a todo el que tenía alrededor, la chica pudo salir del coche, darse una carrera y refugiarse en el coche de un matrimonio mayor que la sacó de allí.
Llegó la policía y el muchacho seguía en los alrededores del coche (abandonado por la muchacha en medio de la calzada) esperando, tal vez, el regreso de su dueña para abrirle la cabeza de un porrazo.
Fue detenido sin ofrecer resistencia y – parece ser – alegó algo relacionado con no haberse tomado la medicación.
Testifiqué ante la policía y – supongo – un día de estos tendré que hacerlo ante un juez.
Regresé a casa con una sensación molesta en el cuerpo.
El día anterior, con mucha violencia verbal, me había amonestado por la calle una muchacha a la que ni siquiera conocía y que mostraba síntomas evidentes de no encontrarse en sus cabales, o de estar bajo los efectos de alguna cosa.
Unas semanas antes, un vecino de la urbanización donde vivo acabó en el hospital, con doce puntos en la cabeza, por tratar de echar a unos chavales (todos menores de edad) del cumpleaños de su hija, donde se habían colado para montar bronca.
Unos meses antes a un amigo que ya no podía cumplir los setenta, un bastardo de veintitantos lo golpeó – tirándolo al suelo – como respuesta a una llamada de atención por su falta de modales.
¿Qué está pasando?
Yo conduzco desde hace treinta años y jamás he llevado en el coche un bate de béisbol.
Es más, cuando eventualmente he tenido un golpe en un semáforo, se ha resuelto el tema con un “europarte” a la compañía de seguros.
Decía mi suegro que “tranquilidad viene de tranca” y, lo admito, cada vez estoy mas de acuerdo con esta afirmación.
O empezamos a poner orden en nuestra juventud o - no lo duden – nos espera un amargo retiro.
Hay que endurecer la ley aunque no sea “moderno” ni “progresista”. El que meta la pata, que la saque… porque si te portas con la corrección debida muy poco o nada debes temer de la ley.
El ganado esta gordo y se rebota... habrá que usar las espuelas ¿No les parece?

Ellos son así


Defienden a Garzón, a Castro, al “doctor muerte” de Leganés, a las clínicas abortistas, al Islam… y dicen ser los que en España representan “el progreso”.
Salen por la tele y se les llena la boca de juicios temerarios, de acusaciones falsas, de medias verdades que son mentiras y media, de argumentos para justificar lo injustificable.
En su balanza ética es mas mucho grave que a Camps le regalen media docena de trajes que tener policías dedicados – por orden de sus jefes – a facilitarle a la ETA la huída de los miembros de su red de extorsión.
Llaman accidentes a los asesinatos, hombres de paz a los asesinos, seres vivos (que no humanos) a los españoles en desarrollo, y odian a los que van a misa.
Se resisten a modificar cualquier ley que proteja al ciudadano. En España, delinquir es baratísimo y, si eres menor de edad, prácticamente gratuito.
Les parece muy loable tirar el dinero que usted y yo ganamos con tanto esfuerzo. Lo llaman gasto social y, en ese saco, meten las subvenciones que se dan a si mismos y a cualquier colectivo absurdo, microscópico y a veces criminal, que campee por España.
Se niegan a sacar a la ETA de los ayuntamientos pero son implacables a la hora de retirar un crucifijo o el retrato de un héroe de la guerra de África, porque para ellos, que todo lo ignoran, si lleva uniforme, es franquismo.
No hay actividad mala que no defiendan. No hay delincuente que no comprendan. No hay colectivo antiespañol con el que no simpaticen. No hay norma moral que no ataquen…
Se oponen con entusiasmo a cualquier iniciativa que no salga de sus mezquinos cerebros, son capaces de firmar el pacto del Tinell, se saltan la ley cuando les place e impiden a los ciudadanos ejercitar derechos que reclaman para si mismos.
Y, como la prensa es suya – para colmo - tienen buena prensa.
Con los Sindicatos comprados en las rebajas, los artistas bajo mecenazgo, sus comisarios políticos en las rotativas y en “los medios”, los jueces y la fiscalía a sueldo, el ejercito dedicado a hacer de bombero y la policía absolutamente desmoralizada, tienen a España donde la quieren tener: montada al aire, como los diamantes.
El clan de los corleonesi son hermanitas de la caridad comparadas con estos mangantes.
Son media España (o eso dicen), son nuestra izquierda, son nuestro gobierno.
Hacen de lo que debiera ser una democracia una mala caricatura, y lo hacen con nuestros impuestos.
¡Que ganas tengo de perderlos de vista!

viernes, 23 de abril de 2010

Intimidación


La maquinaria mediática de la zarrapastra se ha puesto en marcha.
Hacen lo único que saben hacer bien: insultar, amenazar e intimidar.
Quizá exagero un poco, hay otras cosas que la izquierda marxista (disculpen la redundancia) hace a la perfección, o – al menos – así lo ha dejado patente a lo largo del pasado siglo: llenar fosas comunes de adversarios políticos y ciudadanos inocentes.
Y para machacar al Estado de Derecho les ha dado ahora por la Guerra Civil, el franquismo (una cosa que terminó el año que Elena Valenciano cumplía quince), y esa matraca apestosa que tenía que haberse acabado con la caída del telón de acero.
El proceso revolucionario abortado por Franco (vamos a empezar a llamar a las cosas por su nombre) perseguía la instauración de una república socialista de corte stalinista en España. Eso, y no otra cosa, era lo que perseguía el Frente Popular… y lo decían abiertamente en sus periódicos, panfletos y libelos.
El que tenga la suficiente honestidad intelectual para plantearse lo que estoy diciendo, no tiene mas que darse un paseo por las hemerotecas y dedicarse a leer los números de “El Socialista” en los meses previos al alzamiento. De los libelos, panfletos y otras publicaciones “satíricas” (que es como llama la izquierda tradicional a ciscarse en tu madre) ya ni hablemos.
Ahora los señoritingos de la izquierda progre, los apesebrados de la ceja y esa caterva de maleantes que no ha dado un palo al agua en su vida y presumen de defensores del obrero, se han empeñado en volver a revivir el clima que condujo a media España a coger por el gañote a la otra media.
Y son ellos.
Exclusivamente ellos.
Porque los españoles normales, corrientes y decentes están – al día de la fecha - mas callados que en misa y contemplan estas manifestaciones de añoranza de una época que fué, cuando menos, sangrienta, como una barbaridad de la que hay que huir.
Y es que esta generación de analfaburros se han tragado sus propios cuentos. Tantas veces se han repetido que esa peste que asoló a España entre los años 34 y 39 fue una época dorada y gloriosa que se lo han llegado a creer.
Pero con todo, lo peor es que han vuelto a las andadas de la mano del presidente de gobierno (de izquierdas “of course”) más inútil que ha visto España en el último siglo (quitando a Largo Caballero que, aunque era bastante mas culto que el de las cejas puntiagudas – algo por otro lado nada difícil de conseguir-, tenía un punto de Fumanchú como la copa de un pino).
El jefe del gobierno de España (marca registrada) y su alegre pandilla de gamberros de cuota, dedicados en cuerpo y alma a agitar el saco de los ratones...
Mi abuelo hizo la guerra, mi padre no.
Yo, que peino canas, sólo he leído cosas de ella.
Con el tema de la guerra civil y el hace muchos años inexistente franquismo, señores de la izquierda, ¿Por qué no se van de una vez, concretamente, a la mierda?